Casa Cosmos, o dormir con el paisaje

Fuimos vecinos del viento, del calor, de los árboles y de un grupo de hormigas viajeras, imperturbables.

Despertábamos como se despierta en los días de descanso: descalzos, con el cuerpo todavía lento y esa urgencia de ir al mar. Pero ahí no había más plan que ese. Despertar. Café. Tomar solo un libro. Mar.

Al final, los libros se redujeron a un par nuestros y otro sobre la mesa de centro. La ‘mesita’ eran nueve bloques de madera, irregulares, ensamblados con una lógica que no necesitaba explicación. Y en ese libro encontramos una hoja con el trazo de la estructura de la casa. Con mucha sencillez, ya comenzábamos a dibujar la nuestra, la del futuro.

“La idea de la casa siempre fue respetar el lugar lo más posible, hacerla con lo menos posible, tratar de resolver un espacio doméstico mínimo con los menos elementos posibles, los menos detalles constructivos y las menores dimensiones y cantidades de materiales”. S-AR

Durante la primera visita de estudio al sitio, antes de su construcción, para el equipo de S-AR sobresalieron dos aspectos fundamentales: la magnitud y escala de la vegetación, y la noción del espacio. Fue durante su vuelo de regreso cuando surgió la idea de una estructura reticular esbelta.

“Queríamos que la naturaleza fuera llenando parte de esa estructura vacía; que la casa se entretejiera con ella y con el uso doméstico; que los límites entre interior y exterior se transgredieran y que, a pesar de ser una casa pequeña, en realidad se sintiera infinita. También, de cierta forma, queríamos que la casa pasara desapercibida en el tiempo.”

Creo que elegimos Casa Cosmos porque intuíamos que había sido pensada para estar lejos.

Construida con concreto, madera local y una inteligencia sensible a la verdadera simpleza de habitar, Casa Cosmos no busca imponerse ni llamar la atención. Está ahí para sostener la vida cotidiana sin distraerla, para acompañar sin interrumpir. Una casa que no exige ser habitada todo el tiempo, pero que se deja descubrir cuando uno baja el ritmo.

Tiene solo una habitación para cada rutina, y sin paredes que la separen. Si dibujaras su estructura, trazarías un cuadrado claro, un núcleo preciso, y alrededor dejarías espacio libre para imaginar el paisaje, que cambia según la lluvia y las estaciones. 

El terreno en Puerto Escondido no termina de definirse. Y esa sensación de estar protegido sin estar encerrado solo ocurre en lugares abiertos, donde el límite es verde y en ese había aire con sal. 

Casa Cosmos fue diseñada por el equipo de arquitectos S-AR, y como en la edición de un libro, aquí la arquitectura nace de una intención narrativa más que de la repetición de una idea de diseño. Creo que nunca se trató de imponer una forma, sino de construir un sentido. Hay un mensaje, una historia y una estructura que lo sostiene. El exterior es el que marca el ritmo y la interpretación queda en manos de quien la habita, de quien sabe dormir en ella. 

“Con los años hemos corroborado cómo la casa se ha ido fusionando con el sitio, creando un nuevo universo entre arquitectura, ruina y naturaleza. Un nuevo cosmos al que pudimos sumarle un poco con la casa.

En parte de ahí viene el nombre de la casa, además de por supuesto la terraza de azotea que actúa como observatorio de estrellas, el sistema abierto y fluido del espacio interior que interactúa con las terrazas que lo orbitan, como cuerpos de un pequeño sistema solar o detalles como la experiencia del baño semienterrado, laberíntico y oscuro, como si se tratara de una puerta a otra dimensión, a un cosmos sumamente íntimo”.

La privacidad en Casa Cosmos la regulan las celosías de madera; la luz entra —o no— según la voluntad del sol. Y la música queda en manos de las ranas después de las nueve de la noche. 

La terraza funciona como un mirador silencioso hacia la vegetación y la arena de los alrededores. (Y descubrí que funciona también como recordatorio de lo pequeñitos que somos tú y yo). Allí también descansa un espejo de agua que por la noche refleja las estrellas y, con ellas, el cosmos que da nombre a la casa. No hace falta decir mucho más: el cielo se encarga.

“En realidad no hay sola una idea o historia para esta casa. Sino muchas que se complementan dentro de la complejidad de cada una y se van sumando. Seguramente cada usuario le suma una capa más de sus experiencias cada vez. Y eso es bueno, porque eso mantiene vivo el proyecto y lo va y lo irá transformando en el tiempo”.

Mi esposo y yo sabemos anhelar el descanso; viajamos en torno a él. Pero el descanso no proviene únicamente del reposo. Creo, cada vez con más certeza, que nace de la posibilidad de desconexión. No del mundo ni del ruido de la ciudad, sino de una conexión más honesta con el entorno. De permitir que el cuerpo vuelva a marcar el tiempo, que la mirada se detenga en lo mínimo y que la casa, por fin, haga lo que mejor sabe hacer: acompañar.

Fotografías por Isai Rosas

Palabras por Jossie Ayón

Agradecimientos especiales al equipo de S-AR

Conoce Casa Cosmos: https://www.airbnb.mx/rooms/37914529?guests=1&adults=1&s=67&unique_share_id=caced516-4478-4b26-9d3c-ca6b83237b39

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